domingo, 18 de noviembre de 2012

Que me voy.

Llevo tres copas de indiferencia encima y si me dices que haga las maletas, las hago y nos vamos. Lejos, sin destino fijo pero tan lejos que no puedan encontrarnos. Y si no me lo dices tú, me armo de valor y me voy yo. A una isla desierta llena de espejos. Y pondría la música muy alta, por encima del sonido de las olas del mar. Y bailaría delante de los espejos, hasta que me doliesen los pies, hasta que dejase de sentirme ridícula por hacerlo. Que sí, que claro que me tira más el primer plan, pero el tiempo no está para perderlo y cuando aparezcas a lo mejor me he vuelto una aburrida. Una aburrida de esas que está todo el día en pijama, metida en la cama, con el teléfono al lado por si alguien llama no tener que levantarse.
Eso sí, cuando me vaya pienso dejar una notita en la que ponga: "No pienso volver en dos minutos, ni en tres, a lo mejor vuelvo en siete vidas o ni lo hago. He salido y va para largo. No me esperéis despiertos".
Y así será mi declaración de amor propio, más bonita y absurda que ninguna, pero al menos me hará feliz, y eso es lo que importa.

5 comentarios:

  1. Bueno aunque es un poco empalagoso para mi gusto decirte que me he sentido identifiicado con lo de bailar frente al ESPEJO yo tambien lo hago A VECES. Un saludo mi queridisima amiga

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